Breviario sobre el difícil y forzado arte de tener que reinventarse

Si tratásemos de cuantificar la desmesurada influencia de la tecnología en las distintas áreas del saber humano, tendríamos ejercicio para rato.

En una profesión como el periodismo, por ejemplo, los cambios han sido de proporciones mayúsculas. La innovación tecnológica ha mantenido, podría asegurarse, una renovación escalonada en la forma de acceder, adquirir, generar y servir la información.

Al mismo tiempo estos cambios han propiciado, por una lado una diversificación generando nuevos puestos de trabajo, nuevas herramientas y por otro, han destruido muchos que habían existido por largo tiempo.

En el ámbito laboral en cierto modo estamos —podríamos temer— a merced de la revolución tecnológica.

Aparentemente esta sumisión cae indistintamente sobre todos, independientemente de que tengamos o no los medios y las herramientas para hacerle frente.

Antes —me refiero a setenta años hacia atrás— las cosas llevaban otro ritmo. No obstante ahora, la tecnología ahora parece querer marcarnos el suyo.

Nos obliga, en cierto modo, a ser más modelable frente a los cambios en menor tiempo del que anteriormente era necesario. Cada vez estos intervalos de tiempo parecen ser menores.

Hasta hace poco seguíamos siendo el Homos Erectus y ahora aparentemente hemos pasado a ser el «Homos Reinvented».

Hay que desarrollar la habilidad de saberse reinventar. Sí o sí. No se trata de una cuestión de estar «al día» y de saber lo que se está moviendo. Nada de eso. Es necesario sacar de dentro la capacidad de reinventarnos.

Esta capacidad comienza por ser maleable al cambio. Por saber discernir.

El primer gran reto es romper con los estereotipos que constantemente se nos quieren imponer. Debemos deshacernos de esa parte de nuestra herencia cultural que muchas veces condicionan nuestras formas de actuar y de pensar.

Romper con el miedo a lo desconocido. Olvidar el mediocre sistema de que una cosa es así porque siempre se ha hecho así. Dejar de validar un proceso o algo simplemente porque pertenezca o esté en uso por las mayorías o bien porque lleve tiempo realizándose.

Romper con esto es la semilla de innovación. Es el chip primigenio que forma parte del complejo circuito que nos permite reinventarnos.

«No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”, seguramente ya habían escuchado decir Darwin.

Es así de simple. Lamentablemente. Tenemos que hacernos ese «upgrade». Actualizarnos. Primero interiormente. Luego estaremos en capacidad de enfrentar lo que haga falta.

Si nos referimos al ámbito estrictamente laboral da igual que seamos empleados o autónomos. En ambos casos, reinventarse es una necesidad. Como empleados, si no lo hacemos, tarde o temprano nos echarán a la calle. Como autónomos, peor aún: nos echaremos nosotros mismos.

Lo que primero debemos tener en cuenta es que el grueso de este proceso es un asunto interior. Individual. Una condición espiritual si se prefiere. Es precisamente este proceso, esa condición lo primero que debemos considerar si de verdad queremos montar en nosotros ese circuito que nos permita operar adecuadamente no solamente en un mundo cambiante sino en cualquier otro.

A muchas personas les vienen bien los libros y talleres de autoayuda. A mi particularmente no me gustan. Tampoco comparto ninguna afinidad con el denominado «coaching». No los critico por supuesto. Pero una cosa si que tengo claro: a mi juicio nada que nos facilite técnicas que nos permitan operar un cambio interior es simplemente una pérdida tiempo.